2.- Políticas sociales: otro de los mecanismos de control social que se cuestionan en la actualidad es el de las políticas sociales. Durante el Estado de Bienestar estas políticas favorecieron la resolución de conflictos y permitieron la integración social de un contingente importante de las clases populares. Sin embargo, como consecuencia de los cambios estructurales del capitalismo y la caída de la sociedad industrial comenzaron a generarse contradicciones en el seno del Estado que llevó a que dichas políticas fueran perdiendo el carácter universal y obtuvieran una mirada más focalizada. Así se perdió el efecto integrador y acentuó la segregación y fragmentación social. En ese sentido, se ha comprobado que las nuevas políticas sociales no logran compensar las reformas estructurales neoliberales perdiendo eficacia como mecanismos de control social.
3.- La escuela: ésta que ha sido "la institución integradora" , el espacio donde se han normalizado los sectores sociales y quien ha tenido una función central en la legitimación de los valores y en la socialización e integración. Hoy, se ve fuertemente cuestionada por el entorno social cada vez más desintegrado.
Como consecuencia resulta cada vez más dificultoso fundamentar la igualdad de oportunidades o las posibilidades de ascenso social o la necesidad de educación para todos, debido a que estas representaciones están siendo socavadas en el ideario de las nuevas sociedades. Así, Los crecientes actos de violencia que se producen en la escuela son por encima de todo, un fuerte cuestionamiento simbólico a la capacidad de integración del actual orden social.
4.- El trabajo: otro de los mecanismos de integración y a la vez de control del orden social fue el trabajo. En la actualidad está seriamente cuestionado como consecuencia del desempleo y la exclusión originando crisis en la sociedad. Siendo que el orden social se estructuró en base al trabajo. Es sabido que el valor y la dignidad de la persona se manifestaban cuando el trabajador mediante la actividad remunerada lograba organizar la vida social, objetiva y subjetivamente orientando las estrategias y los sueños a la integración social.
En la actualidad la imposibilidad de la sociedad, de brindar un empleo, es la imposibilidad del orden social de reproducir las aspiraciones que él mismo inculca como legítimas. Esta ruptura de reproducción social lleva al derrumbe de la legitimidad de orden social.
En el caso de la República Argentina, Pegoraro, manifiesta que hubo aumento del equipamiento policial, cruzadas contra las drogas, creación de super secretarías de seguridad, mayor poder para la policía, aumento de muertes en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y crecimiento de las empresas de seguridad privada. Como se verá la situación nacional puede extenderse con facilidad al resto de los países de América Latina. En muchos casos, esto significó que se generaran situaciones de guerra interna en las que no se manifiestan las mínimas garantías del Estado de derecho y los derechos humanos y civiles no son atendidos bajo el pretexto de la seguridad pública. Estas medidas demuestran la legitimación del uso de la fuerza y la violencia como única forma de resolver los problemas en la sociedad, acentuando en especial la violencia contra los grupos sociales excluidos. Estos elementos pertenecen a una cosmovisión que prioriza los reclamos de seguridad personal como base para la formulación de un modelo de control social posdemocrático, donde se estila a los sectores pobres como violentos con argumentos a favor de la naturalización de las diferencias sociales existentes, que permitan diluir los derechos formales de igualdad.
Quienes participan de manera consciente o inconsciente, en función de este proyecto, hacen aparecer en forma magnificada problemas que seguramente son el resultado o la expresión de cuestiones más estructurales. Mayormente se coloca a la droga como aspecto central y el de la seguridad personal y sobre estas “nuevas” patologías de la sociedad las fuerzas sociales dominantes se ven tentadas a construir un nuevo orden social de dominación, con una forma de disciplinamiento y mecanismos de control social nuevos.
Es esencial tener en cuenta que cuando planteamos la violencia y la criminalidad en las sociedades contemporáneas, ésta, siempre estuvo expresada como consecuencia de los profundos conflictos sociales. Los estudios sociológicos sobre la violencia pueden ser una contribución importante a esta reflexión.
ACTIVIDAD 1:
1.- Organiza un mapa conceptual integrando las características del agotamiento del control social.
2.- Comenta algún hecho de violencia en tu localidad, o a nivel provincial o nacional que tenga relación con la escuela. ¿Compartes cómo fue resuelto. Por qué?
miércoles, 9 de julio de 2008
AGOTAMIENTO DEL ORDEN SOCIAL (1ra. parte)
El agotamiento del orden social se origina cuando se debilitan las formas de control social. Pegoraro (1) señala que el sistema de control social es una estrategia tendiente a naturalizar y normalizar un determinado orden social constitutivo por las fuerzas sociales dominantes. La legitimidad de dicho orden social permite atenuar los controles institucionales y promover los autocontroles y la ampliación de las conductas rutinarias tendientes a regular por sí mismas las formas sociales de convivencia. Así pues, se puede disminuir el control coercitivo si existe la amenaza monopólica del ejercicio de la coacción física legítima por parte del estado. De esta manera los cálculos de la ventaja personal y el temor al castigo son los únicos elementos.
Este proceso de legitimación del orden social procura naturalizar las desigualdades sociales de diversas formas para que sean internalizadas como “normales”, y preexistentes a la acción social, tratando desligarlas de la acción política, y separarlas de su órbita posible de acción.
Esto, no debe considerarse una intención perversa, ni un deseo consciente de las fracciones dominantes, sino como algo inscripto en el propio punto de vista, inherente a la posición en el espacio social que sustentan.
Así, los planteos de los autores que analizan la violencia contemporánea siempre refieren a algún problema de eficacia del sistema de control social, expresada tanto como exceso de poder, falta de capacidad para persuadir, la imposibilidad de estructurar relaciones conflictivas o de negociar diferencias. Estos problemas pueden ser explicados si se consideran dentro del contexto actual donde aún no se han naturalizado las nuevas diferencias sociales que se derivan en respuestas violentas, tanto de los que realizan excesos de poder para naturalizarlas como de aquellos que
responden por no hallarlas legitimas.
Cuando se plantea el debilitamiento del orden social, además de los procesos de legitimación, se hace referencia al agotamiento de los mecanismos de control social.
Por este motivo, se presentan a continuación brevemente los signos de agotamiento de importantes mecanismos de control social (2) que son:
1.- Segregación urbana: uno de los mecanismos de control social más utilizados para resolver los conflictos generados por las desigualdades es la segregación urbana. Ésta, como salida se acrecentó en las últimas décadas para sobrellevar las diferencias sociales y conformó la segmentación urbana actual. Lo que fue una solución de problemas en el pasado se ha transformado en la actualidad en uno de los principales ejes de cuestionamiento del orden social. Las situaciones creadas como producto de la acumulación de exclusiones sociales se han combinado con los procesos de globalización del crimen organizado y hoy estalla en una violencia irrefrenable. Las favelas y las villas fueron modos de segregación eficaces porque permitieron por mucho tiempo atenuar conflictos sociales contribuyendo a mantener el orden social.
Pero es, en estos espacios donde con mayor fluidez se cuestiona el monopolio del uso de la violencia del Estado. Se constituye así una paradoja, si el Estado fue quien permitió estos asentamientos también creó las bases materiales para el cuestionamiento de su poder monopólico. Más allá de las representaciones, el aumento de la segregación genera objetivamente el territorio en el cual se producen procesos sociales incompatibles con el orden social. El agotamiento de este mecanismo de control plantea dos opciones que resumen el dilema de la violencia en las sociedades actuales: comunicación o coerción y violencia . (Continúa)
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(1)PEGORARO, J. (1994) “Teoría social, control social y seguridad, el nuevo escenario de los años 90” en El control social en el fin de siglo, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires: 75-
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(2) ZALUAR, 1996, GIDDENS,1997, PEGORARO, 1994
Este proceso de legitimación del orden social procura naturalizar las desigualdades sociales de diversas formas para que sean internalizadas como “normales”, y preexistentes a la acción social, tratando desligarlas de la acción política, y separarlas de su órbita posible de acción.
Esto, no debe considerarse una intención perversa, ni un deseo consciente de las fracciones dominantes, sino como algo inscripto en el propio punto de vista, inherente a la posición en el espacio social que sustentan.
Así, los planteos de los autores que analizan la violencia contemporánea siempre refieren a algún problema de eficacia del sistema de control social, expresada tanto como exceso de poder, falta de capacidad para persuadir, la imposibilidad de estructurar relaciones conflictivas o de negociar diferencias. Estos problemas pueden ser explicados si se consideran dentro del contexto actual donde aún no se han naturalizado las nuevas diferencias sociales que se derivan en respuestas violentas, tanto de los que realizan excesos de poder para naturalizarlas como de aquellos que
responden por no hallarlas legitimas.
Cuando se plantea el debilitamiento del orden social, además de los procesos de legitimación, se hace referencia al agotamiento de los mecanismos de control social.
Por este motivo, se presentan a continuación brevemente los signos de agotamiento de importantes mecanismos de control social (2) que son:
1.- Segregación urbana: uno de los mecanismos de control social más utilizados para resolver los conflictos generados por las desigualdades es la segregación urbana. Ésta, como salida se acrecentó en las últimas décadas para sobrellevar las diferencias sociales y conformó la segmentación urbana actual. Lo que fue una solución de problemas en el pasado se ha transformado en la actualidad en uno de los principales ejes de cuestionamiento del orden social. Las situaciones creadas como producto de la acumulación de exclusiones sociales se han combinado con los procesos de globalización del crimen organizado y hoy estalla en una violencia irrefrenable. Las favelas y las villas fueron modos de segregación eficaces porque permitieron por mucho tiempo atenuar conflictos sociales contribuyendo a mantener el orden social.
Pero es, en estos espacios donde con mayor fluidez se cuestiona el monopolio del uso de la violencia del Estado. Se constituye así una paradoja, si el Estado fue quien permitió estos asentamientos también creó las bases materiales para el cuestionamiento de su poder monopólico. Más allá de las representaciones, el aumento de la segregación genera objetivamente el territorio en el cual se producen procesos sociales incompatibles con el orden social. El agotamiento de este mecanismo de control plantea dos opciones que resumen el dilema de la violencia en las sociedades actuales: comunicación o coerción y violencia . (Continúa)
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(1)PEGORARO, J. (1994) “Teoría social, control social y seguridad, el nuevo escenario de los años 90” en El control social en el fin de siglo, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires: 75-
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(2) ZALUAR, 1996, GIDDENS,1997, PEGORARO, 1994
martes, 8 de julio de 2008
MODERNIDAD vs. POSMODERNIDAD
Estamos inmersos en una crisis que tiende a cuestionar lo objetivo y perdurable de las grandes teorías de la modernidad así como sus concepciones básicas de tiempo y espacio. Podemos aseverar que la actualidad es una etapa donde el desarrollo histórico de la construcción social del espacio se ve fragmentado por las contradicciones impuestas por los ideales de desarrollo homogéneo que, al no soportar sus propias contradicciones espaciales degeneraron en un desarrollo geográfico desigual.
Nuestra sociedad ya no es "moderna" pero aún persisten creencias de la modernidad que se van disolviendo rápidamente.
A la posmodernidad podríamos caracterizarla como el pensamiento de la incerteza, de la duda, de la inestabilidad, de lo no duradero. El saber parece dominar la razón social por la vía de la comercialización de sus productos. Todo puede ser mercancía.
Lo "moderno" se manifestó con la Ilustración del siglo XVIII y, en política, con las revoluciones burguesas liberales: la Revolución Francesa, Americana, las Latino-Americanas, y con las Revoluciones Socialistas: la rusa y la china. Sus antecedentes se encuentran en el Racionalismo del siglo XVII y en el Renacimiento. La idea fundamental que acompañó este proceso fue el concepto de "progreso"; se creía que la Humanidad podía progresar indefinidamente si el hombre llegaba a conocer las leyes básicas - físicas, biológicas, psicológicas, históricas, etc., que rigen la naturaleza y la vida humana individual y colectiva. En ella, se encontraban las líneas de unión que marcan la incidencia del tiempo en la producción de los sucesos, no como en la actualidad, donde las situaciones aparecen rotundamente y de un solo golpe. Vivimos una época en el cual la inmediatez de la catástrofe y los hechos no se pueden analizar ni reflexionar por la rapidez con se suceden, hundiéndonos en la indiferencia y la parálisis. A los psicoanalistas les preocupa las "patologías del acto" (1) que se manifiestan en la adolescencia con mayor frecuencia y es cuando aparecen los trastornos de la alimentación que comprometen al cuerpo en diversas dimensiones. Sujetos que muestran un cuerpo sufriente, ya sea por la bulimia, anorexia, alcoholismo o drogadicción. Y es, esta etapa, la que implica un tiempo de vacilación y reposicionamiento subjetivo de la personalidad. Por ello, cada vez que existe trauma social -por acontecimientos de crueldad y aniquilamiento- ; éstos producen miedo o enajenación y atacan la subjetividad de los jóvenes. Esto se asocia a la falta de disciplinamiento y control que se observa con la desaparición de la función mediadora de la familia quien en la modernidad tenía como especificidad el establecimiento de los primeros vínculos de afectividad y protección, a través de la primera socialización e internalización de las normas y valores.
En la actualidad no se puede contener y menos resolver la violencia que la cultura ejerce sobre la persona produciendo en muchos casos efectos devastadores.
La violencia reaparece en las formas más crueles, como destrucción del otro y, sobre todo, como autodestrucción. El desamparo se manifiesta no solo en el debilitamiento de los lazos afectivos, sino por sobre todo, en la absoluta inconsistencia del sujeto para afrontar un modelo que se centra en los objetos y en la necesidad imperiosa de cumplir el deseo consumista.
Garretón cuando se interroga ¿en qué consiste este tipo de sociedad post-industrial globalizada? plantea que la misma no se organiza en torno a la producción y al trabajo y la política, sino en torno a la comunicación y al consumo. Aclara "no es que no exista la producción sino que su base es la comunicación. De tal forma que para la gente el lugar de encuentro dejó de ser la fábrica, el partido o la asamblea para pasar a ser los mails y los medios de comunicación de masas" . Y acota, que es normal que millones de seres humanos puedan presenciar una guerra en vivo y en directo por televisión. (2)
Esta competencia de los medios masivos de comunicación nos envuelve de incapacidad para generar un proyecto sano y conciliador entre las fuerzas espirituales y su expresión material; entre el hombre y su comunidad. Así como existió una corriente individualista "liberal" y otra colectivista que planteaba como solución el “igualitarismo” o “uniformidad” presentada ya sea en forma de un sistema totalitario o en su defecto democrático, en la actualidad estos aparecen con otro nombre, perfeccionados y muy bien coordinados para el bien común. Una conduce a la destrucción del individuo y por ende a la capacidad de renovación de las sociedades y la otra a la descoordinación de fuerzas y a la desaparición del proyecto colectivo común. Ninguna de estas dos opciones es válida, ya que ambas conducen a un mismo producto: la destrucción de nuestras sociedades.
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(1) PSICOANÁLISIS (Ensayos, introducción, etc). Subjetividad de la época. Adicciones. Revista semestral. 2003.
(2) GARRETÓN, MANUEL ANTONIO: En qué sociedad vivi(re)mos?. Tipos societales y desarrollo en el cambio de siglo.
Nuestra sociedad ya no es "moderna" pero aún persisten creencias de la modernidad que se van disolviendo rápidamente.
A la posmodernidad podríamos caracterizarla como el pensamiento de la incerteza, de la duda, de la inestabilidad, de lo no duradero. El saber parece dominar la razón social por la vía de la comercialización de sus productos. Todo puede ser mercancía.
Lo "moderno" se manifestó con la Ilustración del siglo XVIII y, en política, con las revoluciones burguesas liberales: la Revolución Francesa, Americana, las Latino-Americanas, y con las Revoluciones Socialistas: la rusa y la china. Sus antecedentes se encuentran en el Racionalismo del siglo XVII y en el Renacimiento. La idea fundamental que acompañó este proceso fue el concepto de "progreso"; se creía que la Humanidad podía progresar indefinidamente si el hombre llegaba a conocer las leyes básicas - físicas, biológicas, psicológicas, históricas, etc., que rigen la naturaleza y la vida humana individual y colectiva. En ella, se encontraban las líneas de unión que marcan la incidencia del tiempo en la producción de los sucesos, no como en la actualidad, donde las situaciones aparecen rotundamente y de un solo golpe. Vivimos una época en el cual la inmediatez de la catástrofe y los hechos no se pueden analizar ni reflexionar por la rapidez con se suceden, hundiéndonos en la indiferencia y la parálisis. A los psicoanalistas les preocupa las "patologías del acto" (1) que se manifiestan en la adolescencia con mayor frecuencia y es cuando aparecen los trastornos de la alimentación que comprometen al cuerpo en diversas dimensiones. Sujetos que muestran un cuerpo sufriente, ya sea por la bulimia, anorexia, alcoholismo o drogadicción. Y es, esta etapa, la que implica un tiempo de vacilación y reposicionamiento subjetivo de la personalidad. Por ello, cada vez que existe trauma social -por acontecimientos de crueldad y aniquilamiento- ; éstos producen miedo o enajenación y atacan la subjetividad de los jóvenes. Esto se asocia a la falta de disciplinamiento y control que se observa con la desaparición de la función mediadora de la familia quien en la modernidad tenía como especificidad el establecimiento de los primeros vínculos de afectividad y protección, a través de la primera socialización e internalización de las normas y valores.
En la actualidad no se puede contener y menos resolver la violencia que la cultura ejerce sobre la persona produciendo en muchos casos efectos devastadores.
La violencia reaparece en las formas más crueles, como destrucción del otro y, sobre todo, como autodestrucción. El desamparo se manifiesta no solo en el debilitamiento de los lazos afectivos, sino por sobre todo, en la absoluta inconsistencia del sujeto para afrontar un modelo que se centra en los objetos y en la necesidad imperiosa de cumplir el deseo consumista.
Garretón cuando se interroga ¿en qué consiste este tipo de sociedad post-industrial globalizada? plantea que la misma no se organiza en torno a la producción y al trabajo y la política, sino en torno a la comunicación y al consumo. Aclara "no es que no exista la producción sino que su base es la comunicación. De tal forma que para la gente el lugar de encuentro dejó de ser la fábrica, el partido o la asamblea para pasar a ser los mails y los medios de comunicación de masas" . Y acota, que es normal que millones de seres humanos puedan presenciar una guerra en vivo y en directo por televisión. (2)
Esta competencia de los medios masivos de comunicación nos envuelve de incapacidad para generar un proyecto sano y conciliador entre las fuerzas espirituales y su expresión material; entre el hombre y su comunidad. Así como existió una corriente individualista "liberal" y otra colectivista que planteaba como solución el “igualitarismo” o “uniformidad” presentada ya sea en forma de un sistema totalitario o en su defecto democrático, en la actualidad estos aparecen con otro nombre, perfeccionados y muy bien coordinados para el bien común. Una conduce a la destrucción del individuo y por ende a la capacidad de renovación de las sociedades y la otra a la descoordinación de fuerzas y a la desaparición del proyecto colectivo común. Ninguna de estas dos opciones es válida, ya que ambas conducen a un mismo producto: la destrucción de nuestras sociedades.
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(1) PSICOANÁLISIS (Ensayos, introducción, etc). Subjetividad de la época. Adicciones. Revista semestral. 2003.
(2) GARRETÓN, MANUEL ANTONIO: En qué sociedad vivi(re)mos?. Tipos societales y desarrollo en el cambio de siglo.
lunes, 30 de junio de 2008
EL NUEVO CONTEXTO SOCIAL DE LA VIOLENCIA (2a. parte)
Con respecto a la organización social y política, Touraine, (3) sostiene que el descenso del trabajo industrial, la pérdida de poder del movimiento obrero y la exclusión llevan a la disolución del principal conflicto estructurador de la vida social moderna: que se centraba en el conflicto capital - trabajo. Esto se acompaña del declinar de las fábricas y empresas como ordenadora y aseguradora de la vida social.
En lo político se refleja el debilitamiento de la izquierda y la derecha como organizadoras de la vida partidaria ya que los partidos han perdido la capacidad de mediadores ante el surgimiento de nuevas problemáticas.
Algo similar se da en nuestro país (Argentina), con la desarticulación de los actores
sociales que tradicionalmente fueron las redes de contención y movilización política como: el movimiento estudiantil, sindicalismo y partidos políticos que ya no cumplen con la función de mediación, lo que induce a una confrontación entre el individuo y los procesos de subjetivación y de producción de representaciones. La nueva representación viene acompañada de organizaciones no gubernamentales (ONG) como madres de plaza de Mayo, CTA, organizaciones piqueteras, etc.
Por lo tanto, en la actualidad, es necesario realizar un análisis crítico de los cambios que se están operando en el Estado y reflexionar sobre los conceptos disciplinamiento y dominación para poder comprender lo nuevo sobre estos procesos y prevenir riesgos, incertidumbres y posibilidades de luchas sociales atendiendo que lo que se presenta difuso entre las fuerzas sociales es la naturalización de los procesos que llevan a la exclusión y al incremento de las desigualdades que pretenden legitimar un nuevo tipo de orden social posdemocrático.
De esta manera se observa que los crecientes actos de violencia emergen como síntomas del paulatino agotamiento del orden social moderno que se constituye en un elemento más de la desarticulación de la estructura material y simbólica de la sociedad industrial y de la profunda crisis que produce la inculcación de valores y “derechos” universales como la igualdad de oportunidades y la invocación de la justicia social que suponen la idea de igualdad formal de todos los ciudadanos y la imposible probabilidad de llevarlo a la práctica restringiendo la legitimidad del orden social.
En esta génesis radica parte de la crisis. Crisis que las nuevas fracciones dominantes tratan de superar a través de la implantación de un orden social posdemocrático o postsocial en el cual la igualdad formal de los individuos deje de ser la base de su legitimación.
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(3) Touraine, Alain: ¿Podremos vivir juntos?
En lo político se refleja el debilitamiento de la izquierda y la derecha como organizadoras de la vida partidaria ya que los partidos han perdido la capacidad de mediadores ante el surgimiento de nuevas problemáticas.
Algo similar se da en nuestro país (Argentina), con la desarticulación de los actores
sociales que tradicionalmente fueron las redes de contención y movilización política como: el movimiento estudiantil, sindicalismo y partidos políticos que ya no cumplen con la función de mediación, lo que induce a una confrontación entre el individuo y los procesos de subjetivación y de producción de representaciones. La nueva representación viene acompañada de organizaciones no gubernamentales (ONG) como madres de plaza de Mayo, CTA, organizaciones piqueteras, etc.
Por lo tanto, en la actualidad, es necesario realizar un análisis crítico de los cambios que se están operando en el Estado y reflexionar sobre los conceptos disciplinamiento y dominación para poder comprender lo nuevo sobre estos procesos y prevenir riesgos, incertidumbres y posibilidades de luchas sociales atendiendo que lo que se presenta difuso entre las fuerzas sociales es la naturalización de los procesos que llevan a la exclusión y al incremento de las desigualdades que pretenden legitimar un nuevo tipo de orden social posdemocrático.
De esta manera se observa que los crecientes actos de violencia emergen como síntomas del paulatino agotamiento del orden social moderno que se constituye en un elemento más de la desarticulación de la estructura material y simbólica de la sociedad industrial y de la profunda crisis que produce la inculcación de valores y “derechos” universales como la igualdad de oportunidades y la invocación de la justicia social que suponen la idea de igualdad formal de todos los ciudadanos y la imposible probabilidad de llevarlo a la práctica restringiendo la legitimidad del orden social.
En esta génesis radica parte de la crisis. Crisis que las nuevas fracciones dominantes tratan de superar a través de la implantación de un orden social posdemocrático o postsocial en el cual la igualdad formal de los individuos deje de ser la base de su legitimación.
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(3) Touraine, Alain: ¿Podremos vivir juntos?
EL NUEVO CONTEXTO SOCIAL DE LA VIOLENCIA (1a. parte)
Desde el punto de vista sociológico, la mayoría de los autores contemporáneos que analizan el fenómeno de la violencia suelen destacar los cambios producidos en la misma, en las últimas décadas. Las causas más señaladas son: la globalización, la pérdida de autoridad del Estado, la caída de la sociedad industrial y, como corolario de estas transformaciones, la crisis de la modernidad.
Wieviorka (1) considera que no es directa la vinculación entre la violencia y el fenómeno de la mundialización y el neoliberalismo. Esta ideología se alimenta tenuemente de transformaciones y se relaciona con desigualdades y exclusión. Por lo tanto la violencia se inscribe en los procesos de fragmentación cultural que provoca la mundialización. Considera además que la difusión de los bienes culturales desde los programas televisivos, diversiones, películas, etc., no produce homogeneización, sino que, en la mayoría de los casos, producen el surgimiento de culturas o etnias, que defienden su identidad, en salvaguarda de lo nacional y en contra de la cultura transnacional y hegemónica de los EEUU. De esta manera se genera una violencia que es considerada un acto defensivo o contraofensiva de grupos o comunidades que desean afirmar sus identidades culturales.
La globalización económica se instala como una relación dialéctica entre: la fragmentación social y cultural que se prolonga a través de los procesos de naturalización de la vida colectiva que se encuentra en la base de una violencia e inseguridad planteada en términos de violencia étnica o racista.
Si se profundiza la relación entre globalización de la economía y su relación con la fragmentación social y cultural se puede hablar también de globalización de la violencia y verla en un plano mundial adquiere un enfoque más importante el fenómeno de las “redes” de la criminalidad, lavado de dinero y la droga.
Esta situación se acompaña con el consenso generalizado de que el Estado no cumple con sus funciones básicas. Tendiendo a predominar la privatización de la violencia que se suma a los mercados negros, la evasión fiscal, trabajo clandestino y al déficit en la aplicación de la justicia que se ha generalizado en la mayoría de los países del mundo. A esto podemos agregar el aumento de la violencia de parte de los propios aparatos del Estado constatados por el incremento de la represión y la tortura.
Además existe la sensación en la sociedad que los crímenes quedan impunes, revelando la crisis de los sistemas judiciales. Así pues el Estado Nacional centro de la modernidad es incapaz de velar por la seguridad de los ciudadanos y de proteger sus bienes materiales como simbólicos.
Estos elementos de debilitamiento del Estado llevan a que algunos conceptualicen esta situación como una forma de regreso a la etapa medieval por la pérdida de poder central del Estado. Esto trae como consecuencia más violencia, guerras civiles, masacres interétnicas, etc. Por esta razón, los actuales enfrentamientos entre diferentes etnias y culturas no pueden ser vistos como residuos del pasado, sino como algo que está por venir. (2) (Continua en 2a. parte)
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(1) WIEVIORKA, M. (1997) “O novo paradigma da violência” en rev. Tempo Social, Departamento de Sociología, FFLCH-USP, São Paulo, Vol. 9- No. 1, Mayo: 5-41.
(2)Giddens “La vida en una sociedad postradicional” en rev. Agora, Buenos Aires, No. 6: 5-61.
Wieviorka (1) considera que no es directa la vinculación entre la violencia y el fenómeno de la mundialización y el neoliberalismo. Esta ideología se alimenta tenuemente de transformaciones y se relaciona con desigualdades y exclusión. Por lo tanto la violencia se inscribe en los procesos de fragmentación cultural que provoca la mundialización. Considera además que la difusión de los bienes culturales desde los programas televisivos, diversiones, películas, etc., no produce homogeneización, sino que, en la mayoría de los casos, producen el surgimiento de culturas o etnias, que defienden su identidad, en salvaguarda de lo nacional y en contra de la cultura transnacional y hegemónica de los EEUU. De esta manera se genera una violencia que es considerada un acto defensivo o contraofensiva de grupos o comunidades que desean afirmar sus identidades culturales.
La globalización económica se instala como una relación dialéctica entre: la fragmentación social y cultural que se prolonga a través de los procesos de naturalización de la vida colectiva que se encuentra en la base de una violencia e inseguridad planteada en términos de violencia étnica o racista.
Si se profundiza la relación entre globalización de la economía y su relación con la fragmentación social y cultural se puede hablar también de globalización de la violencia y verla en un plano mundial adquiere un enfoque más importante el fenómeno de las “redes” de la criminalidad, lavado de dinero y la droga.
Esta situación se acompaña con el consenso generalizado de que el Estado no cumple con sus funciones básicas. Tendiendo a predominar la privatización de la violencia que se suma a los mercados negros, la evasión fiscal, trabajo clandestino y al déficit en la aplicación de la justicia que se ha generalizado en la mayoría de los países del mundo. A esto podemos agregar el aumento de la violencia de parte de los propios aparatos del Estado constatados por el incremento de la represión y la tortura.
Además existe la sensación en la sociedad que los crímenes quedan impunes, revelando la crisis de los sistemas judiciales. Así pues el Estado Nacional centro de la modernidad es incapaz de velar por la seguridad de los ciudadanos y de proteger sus bienes materiales como simbólicos.
Estos elementos de debilitamiento del Estado llevan a que algunos conceptualicen esta situación como una forma de regreso a la etapa medieval por la pérdida de poder central del Estado. Esto trae como consecuencia más violencia, guerras civiles, masacres interétnicas, etc. Por esta razón, los actuales enfrentamientos entre diferentes etnias y culturas no pueden ser vistos como residuos del pasado, sino como algo que está por venir. (2) (Continua en 2a. parte)
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(1) WIEVIORKA, M. (1997) “O novo paradigma da violência” en rev. Tempo Social, Departamento de Sociología, FFLCH-USP, São Paulo, Vol. 9- No. 1, Mayo: 5-41.
(2)Giddens “La vida en una sociedad postradicional” en rev. Agora, Buenos Aires, No. 6: 5-61.
lunes, 2 de junio de 2008
Impacto de la separación entre la Filosofía y las Humanidades, de las Ciencias de la Naturaleza
Con el triunfo de la Filosofía en el mundo occidental, la idea de razón alcanzó una dimensión de carácter hegemónico y preeminente. Junto con los sistemas filosóficos, de base moderna, la razón devino en factor unitario y central de carácter invariable. El influjo de la física newtoniana contribuyó con una nueva manera de percibir la realidad; realidad que se supuso posible aprehender gracias al pensamiento, en cuyo centro giraba la razón. Asimismo, la influencia de Newton hizo que lo observable se tradujera en lo dado, es decir, el dato, mientras que la ciencia creyó encontrar en el principio, o en todo caso, la ley, las regularidades, tanto en términos espaciales como territoriales. Empero la idea de razón cambió en el sentido de su desenvolvimiento. Si desde sus inicios se le consideró como una posesión propicia para ser aprehendida por individuos excepcionales, con la ilustración se le asoció con adquisición; en consecuencia, como una energía posible de ejercitar y que, además, serviría de fundamento para algunas funciones del pensamiento científico. Estas funciones tenían que ver, y aún lo tienen en los discursos pedagógicos, con: juntar y separar, analizar y medir, observar y comprender.
Desde esta perspectiva el individuo comenzó a ser definido como el portador de una facultad fundamental y con la que estaba capacitado para comprender el funcionamiento de las estructuras. El sujeto racional pasa así a representar un ser capaz de hacer inteligible la realidad objetiva, por sí misma fuera del sujeto cognoscente. Gracias a aquella facultad, éste tendría la capacidad de reconstruirla al copiarla en su totalidad, mediante modelos que puede construir. Desde este nivel sería posible la ordenación, la jerarquización, la clasificación, de los distintos hechos o fenómenos acaecidos en el mundo externo del sujeto.
La búsqueda incesante de un nuevo orden se convirtió en uno de los anhelos y principios rectores con vistas a la configuración de una nueva estética. El conocimiento, desde entonces, ha sido apreciado como una expresión de ese orden. Éste, ha funcionado como una ley anónima, impersonal y suprema que rige todas las cosas del universo. La idea de orden ha significado una verdad única con la que se jerarquiza, clasifica y, además, reúne en un todo causas únicas que producen efectos únicos.
Los estudios realizados acerca del desarrollo de la ciencia han dado cuenta que la noción de orden es parte del determinismo newtoniano, en la medida que se lee como causalidad. En tanto, el dualismo cartesiano, como los principios de la física newtoniana, se convirtieron en las premisas únicas de la ciencia. En el caso de la historia, en su vertiente nomotética, el determinismo sirvió de base para considerar que con el conocimiento de las tendencias o leyes primeras sería posible verificar el porqué del presente y por medio de este ejercicio gnoseológico, controlar y calcular el futuro.
Todas las determinaciones señaladas han tenido en la razón y el racionalismo su sustento natural. La versión ilustrada de la razón, la humanista, fue difundida desde la economía y la manipulación. Con la preeminencia de lo económico se creyó vivir en los albores de la liberación humana; no obstante, los valores de la economía se desviaron hacia el rendimiento, la eficacia y la plusvalía. Es posible determinar, de este modo, que el triunfo de la razón instrumental desvió las disposiciones futuras hacia la homogeneización mercantil, la jerarquización y la fuerza del orden.
Con el racionalismo moderno se vendió la idea de que las sociedades se encaminaban hacia un orden absoluto, la armonía, la concordia. Asimismo, esta racionalidad creyó en la emancipación del sujeto como la verdadera expresión del progreso y la racionalidad moderna.
El método se asoció con la teoría, a la vez que remitió a un conjunto de recetas y aplicaciones mecánicas que excluían al sujeto cognoscente. Esta determinación revela hoy la herencia del dualismo cartesiano, por una parte, y, por otra, la creencia firme en la existencia de una realidad que nos constriñe, y que al mismo tiempo se encuentra separada del sujeto que la estudia; pero, que con los modelos epistemológicos que ha construido, el sujeto podría aprehender en su totalidad sus determinaciones y relaciones.
Al lado de las estrategias de objetividad se ha venido pensando el mundo como espacios separados y propicios para su estudio.
El legado de las representaciones científicas y culturales de la modernidad revela, un orden del mundo configurado de acuerdo con el orden del pensamiento, con el que se ha reflexionado el mundo.
La Modernidad creó su discurso con base en los éxitos científicos que se dieron desde Copérnico y Galileo, y que se siguieron con los descubrimientos de la física de Newton y Einstein; los conocimientos generados por estos científicos se mostraban como únicos e irrefutables. La escuela de la época, afianzada también en el saber clásico, consideraba esta otra forma de estudiar la realidad: desde los criterios de la ciencia experimental, en especial los de la física, gracias a la cual se lograron, como nunca antes, grandes avances en el estudio del universo. Esta perspectiva científica sigue dominando el mundo de la investigación y, por supuesto, el contexto de la escuela. A partir de estos avances podemos preguntarnos cuál fue el papel de la institución educativa durante la Modernidad. La respuesta es que, en cierta medida, la escuela se convirtió en tributadora de la ciencia y de los avances de ésta en cuanto a los logros alcanzados en los campos científicos y tecnológicos. El conocimiento veraz y certero era, sin ninguna discusión, el que la ciencia experimental propiciaba, y en tal sentido, la escuela debía validarlo sin necesidad de cuestionarlo y mucho menos de someterlo a la duda; al menos ese pareció haber sido el rol desempeñado por los maestros durante muchos años en la historia de la institución educativa. El empirismo de Bacon y Locke y el positivismo de Comte conocieron, defendieron y difundieron a la ciencia experimental como el conocimiento resultante de la investigación y de la experiencia; estas corrientes presentaron a la ciencia experimental como el único saber válido, demostrable y transmisible.
Desde esta perspectiva el individuo comenzó a ser definido como el portador de una facultad fundamental y con la que estaba capacitado para comprender el funcionamiento de las estructuras. El sujeto racional pasa así a representar un ser capaz de hacer inteligible la realidad objetiva, por sí misma fuera del sujeto cognoscente. Gracias a aquella facultad, éste tendría la capacidad de reconstruirla al copiarla en su totalidad, mediante modelos que puede construir. Desde este nivel sería posible la ordenación, la jerarquización, la clasificación, de los distintos hechos o fenómenos acaecidos en el mundo externo del sujeto.
La búsqueda incesante de un nuevo orden se convirtió en uno de los anhelos y principios rectores con vistas a la configuración de una nueva estética. El conocimiento, desde entonces, ha sido apreciado como una expresión de ese orden. Éste, ha funcionado como una ley anónima, impersonal y suprema que rige todas las cosas del universo. La idea de orden ha significado una verdad única con la que se jerarquiza, clasifica y, además, reúne en un todo causas únicas que producen efectos únicos.
Los estudios realizados acerca del desarrollo de la ciencia han dado cuenta que la noción de orden es parte del determinismo newtoniano, en la medida que se lee como causalidad. En tanto, el dualismo cartesiano, como los principios de la física newtoniana, se convirtieron en las premisas únicas de la ciencia. En el caso de la historia, en su vertiente nomotética, el determinismo sirvió de base para considerar que con el conocimiento de las tendencias o leyes primeras sería posible verificar el porqué del presente y por medio de este ejercicio gnoseológico, controlar y calcular el futuro.
Todas las determinaciones señaladas han tenido en la razón y el racionalismo su sustento natural. La versión ilustrada de la razón, la humanista, fue difundida desde la economía y la manipulación. Con la preeminencia de lo económico se creyó vivir en los albores de la liberación humana; no obstante, los valores de la economía se desviaron hacia el rendimiento, la eficacia y la plusvalía. Es posible determinar, de este modo, que el triunfo de la razón instrumental desvió las disposiciones futuras hacia la homogeneización mercantil, la jerarquización y la fuerza del orden.
Con el racionalismo moderno se vendió la idea de que las sociedades se encaminaban hacia un orden absoluto, la armonía, la concordia. Asimismo, esta racionalidad creyó en la emancipación del sujeto como la verdadera expresión del progreso y la racionalidad moderna.
El método se asoció con la teoría, a la vez que remitió a un conjunto de recetas y aplicaciones mecánicas que excluían al sujeto cognoscente. Esta determinación revela hoy la herencia del dualismo cartesiano, por una parte, y, por otra, la creencia firme en la existencia de una realidad que nos constriñe, y que al mismo tiempo se encuentra separada del sujeto que la estudia; pero, que con los modelos epistemológicos que ha construido, el sujeto podría aprehender en su totalidad sus determinaciones y relaciones.
Al lado de las estrategias de objetividad se ha venido pensando el mundo como espacios separados y propicios para su estudio.
El legado de las representaciones científicas y culturales de la modernidad revela, un orden del mundo configurado de acuerdo con el orden del pensamiento, con el que se ha reflexionado el mundo.
La Modernidad creó su discurso con base en los éxitos científicos que se dieron desde Copérnico y Galileo, y que se siguieron con los descubrimientos de la física de Newton y Einstein; los conocimientos generados por estos científicos se mostraban como únicos e irrefutables. La escuela de la época, afianzada también en el saber clásico, consideraba esta otra forma de estudiar la realidad: desde los criterios de la ciencia experimental, en especial los de la física, gracias a la cual se lograron, como nunca antes, grandes avances en el estudio del universo. Esta perspectiva científica sigue dominando el mundo de la investigación y, por supuesto, el contexto de la escuela. A partir de estos avances podemos preguntarnos cuál fue el papel de la institución educativa durante la Modernidad. La respuesta es que, en cierta medida, la escuela se convirtió en tributadora de la ciencia y de los avances de ésta en cuanto a los logros alcanzados en los campos científicos y tecnológicos. El conocimiento veraz y certero era, sin ninguna discusión, el que la ciencia experimental propiciaba, y en tal sentido, la escuela debía validarlo sin necesidad de cuestionarlo y mucho menos de someterlo a la duda; al menos ese pareció haber sido el rol desempeñado por los maestros durante muchos años en la historia de la institución educativa. El empirismo de Bacon y Locke y el positivismo de Comte conocieron, defendieron y difundieron a la ciencia experimental como el conocimiento resultante de la investigación y de la experiencia; estas corrientes presentaron a la ciencia experimental como el único saber válido, demostrable y transmisible.
jueves, 1 de mayo de 2008
Conocimiento científico, cotidiano y escolar
Con respecto a la integración de los tres saberes es importante coincidir que nadie pone en cuestionamiento la especificidad del conocimiento escolar, si que surgen dudas cuando se trata de determinar en que consiste su especificidad (orígenes, fuentes, finalidad y respuestas a las demandas sociales).
Pareciera indiscutible que una de las fuentes del conocimiento escolar es el conocimiento científico pero surgen interrogantes sobre que tipos de conocimientos científicos se trata, que paradigmas subyacen en los mismos y para qué la presencia de cada contenido científico en el contexto de una cultura escolar al servicio de la dinámica sociocultural.
Es sabido que el conocimiento cotidiano ha sido descalificado por la racionalidad moderna quien lo sustituyó por lo científico. En cambio en la actualidad se sostiene que el conocimiento cotidiano es uno de los referentes esenciales del conocimiento escolar y es necesaria la coexistencia de ambos.
Los modelos didácticos provenientes de la modernidad representados por el modelo tradicional tenían claramente implícito los fines, diseñándose “el que” y “el como” en compatibilidad con la tecnología unida a la razón instrumental. En la actualidad, no sorprende que el colectivo de
docentes cuando se refieren al conocimiento científico aún no tengan resuelto qué es, qué papel juega y cuáles son los métodos que lo validan. Es que aún existen mitos sobre la ciencia y los científicos interiorizados por los profesores durante su propia formación científica y son
trasmitidos a los alumnos por medio del currículo. Esto dificulta el desarrollo de la creatividad, no permite la individualidad y son intolerantes ante opiniones diferentes.
Es oportuno coincidir que debemos mantener equilibrio entre los conocimientos para permitir un aprendizaje real en el aula y favorecer las formas de participación social. El objetivo de estas actividades no es, por lo tanto, mostrar el carácter poco participativo o escasamente democrático
de algunas de las decisiones que se dan en las controversias reales relacionadas con el desarrollo tecnocientífico. El objetivo es crear en el aula escenarios propicios para que el aprendizaje de los conocimientos integrados y que éstas (las aulas) logren ser lugares apropiados para que los alumnos tomen parte en controversias en las que el valor de la información y los argumentos, la responsabilidad social y ambiental, la voluntad de negociar los disensos y de consensuar las decisiones sean algunos de los aprendizajes más importantes en el proceso de una verdadera formación para la participación democrática y la transformación social .
Así podrá tener sentido lo que plantea Feyerabend cuando dice que el hecho que la Ciencia haya triunfado sobre el mito, la religión y la brujería… no significa que sea la mejor forma de conocimiento y concluye que es necesario terminar con esta primacía aconsejando la defensa de la libertad y resoluciones alternativas porque no hay que excluir otras forma cognoscitivas de aprendizaje.
Pareciera indiscutible que una de las fuentes del conocimiento escolar es el conocimiento científico pero surgen interrogantes sobre que tipos de conocimientos científicos se trata, que paradigmas subyacen en los mismos y para qué la presencia de cada contenido científico en el contexto de una cultura escolar al servicio de la dinámica sociocultural.
Es sabido que el conocimiento cotidiano ha sido descalificado por la racionalidad moderna quien lo sustituyó por lo científico. En cambio en la actualidad se sostiene que el conocimiento cotidiano es uno de los referentes esenciales del conocimiento escolar y es necesaria la coexistencia de ambos.
Los modelos didácticos provenientes de la modernidad representados por el modelo tradicional tenían claramente implícito los fines, diseñándose “el que” y “el como” en compatibilidad con la tecnología unida a la razón instrumental. En la actualidad, no sorprende que el colectivo de
docentes cuando se refieren al conocimiento científico aún no tengan resuelto qué es, qué papel juega y cuáles son los métodos que lo validan. Es que aún existen mitos sobre la ciencia y los científicos interiorizados por los profesores durante su propia formación científica y son
trasmitidos a los alumnos por medio del currículo. Esto dificulta el desarrollo de la creatividad, no permite la individualidad y son intolerantes ante opiniones diferentes.
Es oportuno coincidir que debemos mantener equilibrio entre los conocimientos para permitir un aprendizaje real en el aula y favorecer las formas de participación social. El objetivo de estas actividades no es, por lo tanto, mostrar el carácter poco participativo o escasamente democrático
de algunas de las decisiones que se dan en las controversias reales relacionadas con el desarrollo tecnocientífico. El objetivo es crear en el aula escenarios propicios para que el aprendizaje de los conocimientos integrados y que éstas (las aulas) logren ser lugares apropiados para que los alumnos tomen parte en controversias en las que el valor de la información y los argumentos, la responsabilidad social y ambiental, la voluntad de negociar los disensos y de consensuar las decisiones sean algunos de los aprendizajes más importantes en el proceso de una verdadera formación para la participación democrática y la transformación social .
Así podrá tener sentido lo que plantea Feyerabend cuando dice que el hecho que la Ciencia haya triunfado sobre el mito, la religión y la brujería… no significa que sea la mejor forma de conocimiento y concluye que es necesario terminar con esta primacía aconsejando la defensa de la libertad y resoluciones alternativas porque no hay que excluir otras forma cognoscitivas de aprendizaje.
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